viernes, 6 de julio de 2012

Dia 1 - De Hendaya al Col de Lizuniaga

Si tuviera que resumir en pocas palabras esta jornada, diría bien alto: ¡¡odio mi mochila!!.

El día ha empezado a las seis y media de la mañana. Tiempo suficiente para guardar las cosas y bajar a desayunar a las siete.

Después de dar buena cuenta de un desayuno al más puro estilo francés, recojo todo y me dirijo a la playa, enfrente del casino, desde donde inicio la ruta.

Realmente, debería empezar en el Cabo Higuer pero hacer un tramo por una zona urbana no tiene mucho aliciente.

Sigo las marcas del GR 10 que son las que me ayudan a salir de la ciudad pero un pequeño despiste hace que me meta por una calle que no era y que recorro durante casi un kilómetro, cuesta arriba, claro, hasta que se acaba la calle, y menos mal que se acaba porque aún seguiría por ahí. Este no será el único error.

La culpa es de la lluvia que empieza a caer y que me obliga a resguardarme debajo de la capucha e ir cabizbajo. (Es bueno tener a alguien o a algo a quien echarle la culpa). Esa lluvia me acompaña hasta que llego a Biriatou. A partir de ahí deja de llover pero se mantiene muy nublado.

La mayor parte del recorrido va atravesando zonas de bosque y apenas dejo de subir. De momento las subidas no son excesivamente fuertes pero constantes. Así hasta llegar al Col  d'Ossin. Aquí paro un rato para coger resuello y me entretengo viendo, por un lado, el mar y por el otro el Monte Larrun al que llegaré dentro de un buen rato.

Mi siguiente parada es en Col d'Ibardin. Me sorprende encontrarme con muchas tiendas donde los franceses aprovechan a comprar bebidas y tabaco. Aquí sí que hacen botellón, y lo digo no por el hecho de estar en la calle tomando unas copitas sino por el tamaño de las botellas que se llevan. Tienen que ser de casi 3 litros o más.

Antes dije que las subidas no eran muy contundentes y es que estaban esperándome para llegar hasta aquí. O eso o que el cansancio se va notando y el peso de la mochila mucho más.

Sigo mi camino y voy a por mí segundo error. Me dirijo al Collado de Inzola y, por no interpretar bien lo que dice la guía y seguir unos carteles que indican ese nombre, aparezco en lo que resultó ser una venta. Este error me supone casi 5 Km. más de trayecto y, lo peor, salvar todo el desnivel que he bajado hasta llegar aquí.

Por fin, y con el resuello fuera, llego a un punto donde creo que enlazo con la ruta que tenía que haber seguido en un principio. Sigo una pista y, como me parece muy aburrida, decido atrochar por un sendero que encuentro. No sé si es buena idea eso de atrochar por aquí.

Salgo de ese camino justo en el punto en el que vi que podía unirse con la pista, según el mapa y continúo hacia el Col de Lizuniaga. Atrás se ha quedado el Larrun porque las fuerzas y el tiempo que tenía para subirlo lo empleé en rehacer el despiste.

Llego a un cruce y, mientras que saco el mapa, aparece un ciclista y le pregunto. Me dice que por el la izquierda así que para allá voy y encima cuesta arriba. Al rato, baja el ciclista y me dice que puede que no sea ese el camino. Que cree que es el otro. Miramos juntos el mapa y parece evidente así que vuelvo a desandar lo andado, eso sí, cuesta abajo. Todavía no sé si bajó a decirme eso porque le di pena o porque él también se equivocó.

Ya casi no me queda nada. Un tramo por carretera, también cuesta arriba, claro, pero me motiva pensar que allí hay un hostal donde, al menos, podré cenar caliente e incluso dormir, que hoy me lo he ganado.

Mi sorpresa llega cuando veo que el hostal está cerrado. Mi gozo en un pozo así que toca montar la tienda y cenar un sobre de comida deshidratada y, además, fría porque no tengo con qué calentar agua.

Un día que, para ser el primero, ha sido agotador.

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