sábado, 7 de julio de 2012

Día 2 - De Col de Lizuniaga a Erratzu

Ha estado toda la noche lloviendo y, al menos, la tienda ha aguantado el chaparrón. Así que, entre la lluvia y las ovejas que han pululado por aquí toda la noche, no he dormido mucho. Y sí, las ovejas están todas sueltas por aquí, a su bola, y, de vez en cuando se pegan unas carreritas que parece que es una estampida y que van a pasarte por encima de tu cabeza. A la cuarta o quinta vez te acostumbras y ya no les haces ni caso.

Pues, igual que ha estado toda la noche, ha amanecido. Lloviendo y con niebla. Recojo todo como puedo, intentando que se moje lo menos posible y desayuno un par de barritas y, después de llenar las cantimploras, inició el recorrido.

No me acordaba lo que me molestaban los hombros hasta que me he vuelto a cargar la mochila.

A pesar de la niebla y la lluvia, espero no tener problemas porque la mayor parte del recorrido sigue las marcas del GR 11.

(Seguiremos)

viernes, 6 de julio de 2012

Dia 1 - De Hendaya al Col de Lizuniaga

Si tuviera que resumir en pocas palabras esta jornada, diría bien alto: ¡¡odio mi mochila!!.

El día ha empezado a las seis y media de la mañana. Tiempo suficiente para guardar las cosas y bajar a desayunar a las siete.

Después de dar buena cuenta de un desayuno al más puro estilo francés, recojo todo y me dirijo a la playa, enfrente del casino, desde donde inicio la ruta.

Realmente, debería empezar en el Cabo Higuer pero hacer un tramo por una zona urbana no tiene mucho aliciente.

Sigo las marcas del GR 10 que son las que me ayudan a salir de la ciudad pero un pequeño despiste hace que me meta por una calle que no era y que recorro durante casi un kilómetro, cuesta arriba, claro, hasta que se acaba la calle, y menos mal que se acaba porque aún seguiría por ahí. Este no será el único error.

La culpa es de la lluvia que empieza a caer y que me obliga a resguardarme debajo de la capucha e ir cabizbajo. (Es bueno tener a alguien o a algo a quien echarle la culpa). Esa lluvia me acompaña hasta que llego a Biriatou. A partir de ahí deja de llover pero se mantiene muy nublado.

La mayor parte del recorrido va atravesando zonas de bosque y apenas dejo de subir. De momento las subidas no son excesivamente fuertes pero constantes. Así hasta llegar al Col  d'Ossin. Aquí paro un rato para coger resuello y me entretengo viendo, por un lado, el mar y por el otro el Monte Larrun al que llegaré dentro de un buen rato.

Mi siguiente parada es en Col d'Ibardin. Me sorprende encontrarme con muchas tiendas donde los franceses aprovechan a comprar bebidas y tabaco. Aquí sí que hacen botellón, y lo digo no por el hecho de estar en la calle tomando unas copitas sino por el tamaño de las botellas que se llevan. Tienen que ser de casi 3 litros o más.

Antes dije que las subidas no eran muy contundentes y es que estaban esperándome para llegar hasta aquí. O eso o que el cansancio se va notando y el peso de la mochila mucho más.

Sigo mi camino y voy a por mí segundo error. Me dirijo al Collado de Inzola y, por no interpretar bien lo que dice la guía y seguir unos carteles que indican ese nombre, aparezco en lo que resultó ser una venta. Este error me supone casi 5 Km. más de trayecto y, lo peor, salvar todo el desnivel que he bajado hasta llegar aquí.

Por fin, y con el resuello fuera, llego a un punto donde creo que enlazo con la ruta que tenía que haber seguido en un principio. Sigo una pista y, como me parece muy aburrida, decido atrochar por un sendero que encuentro. No sé si es buena idea eso de atrochar por aquí.

Salgo de ese camino justo en el punto en el que vi que podía unirse con la pista, según el mapa y continúo hacia el Col de Lizuniaga. Atrás se ha quedado el Larrun porque las fuerzas y el tiempo que tenía para subirlo lo empleé en rehacer el despiste.

Llego a un cruce y, mientras que saco el mapa, aparece un ciclista y le pregunto. Me dice que por el la izquierda así que para allá voy y encima cuesta arriba. Al rato, baja el ciclista y me dice que puede que no sea ese el camino. Que cree que es el otro. Miramos juntos el mapa y parece evidente así que vuelvo a desandar lo andado, eso sí, cuesta abajo. Todavía no sé si bajó a decirme eso porque le di pena o porque él también se equivocó.

Ya casi no me queda nada. Un tramo por carretera, también cuesta arriba, claro, pero me motiva pensar que allí hay un hostal donde, al menos, podré cenar caliente e incluso dormir, que hoy me lo he ganado.

Mi sorpresa llega cuando veo que el hostal está cerrado. Mi gozo en un pozo así que toca montar la tienda y cenar un sobre de comida deshidratada y, además, fría porque no tengo con qué calentar agua.

Un día que, para ser el primero, ha sido agotador.

martes, 3 de julio de 2012

Dia 0

Son las cinco y media de la mañana y acaba de sonar el despertador. Apenas he dormido por esa sensación que se te pone en el cuerpo cuando tienes que levantarte más pronto de lo normal y te preocupa el quedarte dormido y, además, te desvelas cada cierto tiempo para verificar que el despertador sigue funcionando.

Bueno, por eso y porque me acosté casi a las dos y media por hacer, deshacer y volver a rehacer la mochila en un intento de aligerar la carga que tengo que llevar estos días.

Cada gramo cuenta y es sorprendente la diferencia de peso que puede haber en algo tan simple como un forro polar.

Y en esas estuve entretenido hasta que conseguí rebajar casi 4 kilos, se dice pronto, del mochilón de 20 Kg. que hice al principio. Al final, ya por aburrimiento, ya porque no podía prescindir de nada más, lo dejé en 16. Una cifra que todavía me resulta excesiva. Todo sea que vaya dejando cosas por el camino o escondidas en zulos para cuando vuelva.

A las seis y media en la calle donde me recoge mi amiga Cecilia (gracias, Cecilia) para llevarme a Chamartín desde donde sale el tren que me lleva a Hendaya.

Hacía mucho, muchísimo tiempo que no hacía in viaje en tren y, la verdad, los recordaba más monótonos. Quizás se me haya hecho más entretenido por la película que nos han puesto, el desayuno que nos han dado y porque cuatro policías secretas le han hecho vaciar la mochila al que se sentaba justo detrás de mí. Uno que iba a hacerse, según me dijo, el camino de la costa para llegar a Santiago. Imagino que le habrán visto con pinta sospechosa y por eso le han requerido.

Yo, temiendo estaba que también me lo pidieran a mí, lo fe vaciar la mochila, porque con lo que me costó hacerla....

A las dos de la tarde llegada a Hendaya, búsqueda de hostal y a descansar viendo la bahía. Jornada de concentración y relax que mañana será otro día y veremos como amanece porque ahora está el cielo cubierto y con nieblas en los montes que rodean la ciudad.

Seguiremos.

sábado, 30 de junio de 2012

Día menos 3

Cuando planificas un viaje, éste se inicia desde el mismo momento en que empiezas a imaginarlo. Piensas qué llevarás, cómo irás y con quién, por qué caminos y, sobre todo, si ese es  el momento adecuado para realizarlo. Y todo esto se vuelve más intenso cuando el recorrido es por uno de esos montes que tenemos la suerte de tener tan a mano y que, a veces, conocemos tan poco.
Un día pensé que por qué no. Por qué no realizar uno de los recorridos más potentes que pueden realizarse en nuestras tierras; un recorrido que te lleva durante casi 900 Km. a descubrir la diversidad de paisajes que esconde una cadena montañosa como los Pirineos. Un recorrido de oeste a este para unir dos aguas, la del Cantábrico y la del Mediterráneo. La Alta Ruta Pirenaica.
Y me puse a planificarlo. Mapas, guías, entrenamientos.......
hasta que una lesión de rodilla, que tuve en febrero, dio al traste con todo el proyecto.
Después de algún tiempo en manos del fisioterapeuta, de hacer ejercicios específicos para fortalecer la rodilla y de ir tanteando su estado en rutas más asequibles, parece que ya está recuperada así que ha llegado el momento de retomar este reto. No será como estaba planificada, hacerla en su totalidad, pero intentaré recorrer todo lo que pueda en los 25 días con que cuento.
Empiezan los preparativos, las listas de lo que llevar, las compras de última hora y la sensación de que, a pesar de todo,  algo se me olvidará. Espero que no.